Una Aplicación Practica, de la Palabra de Dios a la Historia

| April 4, 2018 | Reply

“Los tesoros de maldad no serán de provecho, mas la justicia libra de la muerte” Proverbios 10:2”.

A comienzos del siglo XVI España era un país inmensamente rico. Las famosas «flotas de la plata» transportaban anualmente cargamentos de objetos de valor. Pero se trataba de auténticos «tesoros de maldad», como Salomón lo expresa en ese texto. Los españoles no los habían ganado merecidamente, sino que los habían robado de las minas y tesorerías de los pueblos vencidos en Centro y Suramérica. Por eso también puede decirse de aquellas flotas de la plata lo que la Palabra de Dios enseña en el citado texto: «Los tesoros de maldad no serán de provecho». A fines del siglo XVII, la misma España tenía a sus espaldas diferentes bancarrotas financieras. La gran afluencia de medios de pago provenientes de Suramérica no hizo ningún bien a la economía española, por más extraño que ello suene. Al contrario, los tesoros robados tuvieron precisamente un resultado funesto sobre la economía nacional española. El rey y los favoritos instalados en altos cargos, llevaban un régimen de vida demasiado alto.

La sobreabundancia de fondos de caja les permitió cada vez más detraer fuerzas vivas de trabajo a la agricultura y a la industria. Sin embargo, debido a ello, los importantes medios de producción cayeron en medida creciente en manos extranjeras. Gracias a la plata americana, España pudo pagar sus prolongadas guerras, pero no acertó a producir los muchos enseres de guerra necesarios. De esta forma, la corriente de dinero robado fluyó tan irreprimiblemente a países extranjeros, que proveyó a España de legiones de hombres y de los materiales de guerra necesarios, sin hacer ningún esfuerzo. El sabio estadista Salomón ya había avisado sobre semejante estado de cosas: «Los tesoros de maldad no serán de provecho.» Tampoco en una economía nacional.

En lugar de enriquecer al país, la plata americana robada, precisamente empobreció a España y frenó su desarrollo económico durante siglos. Cómo Egipto antaño, España, a causa de su flota de la plata, pasó de ser un poder mundial a un país económicamente retrasado, que apenas en el siglo XX comenzó a recuperarse en cierta forma. La historia, por otra parte, permite ver algunas veces que un pueblo no se labra un bienestar permanente robando y extorsionando a otros pueblos. Pero, ¿por qué los «tesoros de maldad» de España no hicieron ningún provecho a este país? Porque, a pesar de su elaborada religiosidad, no tuvo en consideración el mandamiento de Dios para la vida económica y política. Dios había mandado a Israel y a la cristiandad: «No hurtarás». Un pueblo debe ganar su pan con el trabajo honrado. Ese es el orden de Dios, (cf. Proverbios 28:19, Efesios 4:28, 1 Tesalonicenses 4:11, 2 Tesalonicenses 3:6-12).

El desarrollo económico duradero y el bienestar surgen únicamente por la laboriosidad, regulados por los mandamientos de Dios. Por eso la plata americana robada, a la larga, no hizo ningún bien a España, porque había obtenido esos tesoros por medio de la impiedad. Por el contrario, los proveedores de pertrechos se hicieron ricos, pues trabajaron para eso. Así de práctica es la influencia de los mandamientos de Dios en la vida, incluso en la de todo un pueblo. Los españoles podían leer en su Biblia la ley fundamental para la vida económica: «No hurtarás». Puesto que desobedecieron este mandamiento, introdujeron la muerte y la corrupción en su economía nacional. Esto, naturalmente, también vale para la vida personal, aunque aquí hayamos escogido el ejemplo de todo un pueblo. Lo que Salomón enseñó en el texto mencionado, lo confirmó la experiencia con el siguiente refrán: «Bienes mal adquiridos a nadie han enriquecido», y en el dicho: «Así ganados, así perdidos». Este asunto, sin embargo, también tiene un reverso, y asimismo lo señaló Salomón: «Mas la justicia libra de la muerte», añadió a su aviso.

La justicia u obediencia al pacto de Dios y sus palabras puede salvar de la muerte (es decir, de la corrupción de la vida, de la infructuosidad y de la decadencia) el gobierno de la casa de alguien, e incluso a toda una economía nacional, cuando se respeta el orden de Dios: «No hurtarás, sino que ganarás tu pan con tus propias manos». En aquel mismo siglo en que España se hizo pobre con su plata americana, para la cual no había trabajado, Holanda salió al encuentro del “Siglo de Oro” trabajando con ímpetu. Veamos algunos proverbios sinónimos más: «Los planes del diligente ciertamente tienden a la abundancia, pero todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza», Proverbios 21:5. «Toda labor da su fruto; mas las vanas palabras empobrecen», Proverbios 14:23. «El que cultiva su tierra se saciará de pan, pero el que sigue a los ociosos se colmará de pobreza», Proverbios 28:19.

Nota del Administrador del Blog: el presente aparte a sido extraído del comentario bíblico al libro de Proverbios (página 254 – 256), realizado por el pastor Fran Van Deursen y disponible en la Biblioteca virtual de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa. El relato abarca desde los días del mismo descubrimiento de América a finales del siglo XV, cuando los barcos españoles llevaban riquezas de vuelta a España. Esta época de bonanza le permitió a España sufragar las guerras contra los protestantes del centro y norte de Europa, que buscaban oponerse a su poderoso monopolio de comercio fluvial, no obstante pasó de ser la nación más rica del continente a vivir una realidad económica destruida por la inflación durante el siglo XVI. Esta aplicación practica de enfoque histórico, nos permite observar de una manera clara y objetiva, los efectos negativos que han de sobrevenir a una nación, cuyos gobernantes actúan en contraposición con las verdades bíblicas. 

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Frans van Deursen

Frans van Deursen

Frans van Deursen (1931) fue ordenado para el ministerio en las Iglesias Reformadas en Holanda (liberadas) en Barendrecht en 1957, y sirvió en las congregaciones de Haarlem, Apeldoorn y Wezep. Fue pastor en la Iglesia Reformada Holandesa (NGK) desde finales de los 1960 hasta su jubilación en 1986. Ha escrito varios comentarios en la serie Opening the Scriptures, tanto al Nuevo como al Antiguo Testamento. Actualmente vive en Barneveld con su mujer, tiene cuatro hijos y catorce nietos.
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