Un gran tesoro inspirado por Dios – Serie Proverbios 1:1-6

| January 13, 2017 | Reply

“Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel. Para entender sabiduría y doctrina, Para conocer razones prudentes, Para recibir el consejo de prudencia, Justicia, juicio y equidad; Para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura. Oirá el sabio, y aumentará el saber, Y el entendido adquirirá consejo, 6 Para entender proverbio y declaración, Palabras de sabios, y sus dichos profundos.” Proverbios 1:1-6.

Uno de los grandes tesoros que nos ofrece el conocimiento de Dios en su Santa Palabra es el libro de Proverbios, este fue escrito en su mayoría por el rey Salomón, aunque a través de sus páginas podemos observar pequeñas porciones de otros autores, algunas sin un detalle que apunte claramente a su escritor, y otras con un nombre tallado entre las letras, como Agur hijo Jaque (Proverbios 30:1); o Lemuel rey de Massa (Proverbios 31:1), no obstante, el conocimiento desplegado a través del libro, ha sido inspirado por el Espíritu de Dios como autor principal de la Santa Palabra (2 Timoteo 3:16-17).

El fundamento de la Sabiduría.

Es importante resaltar cual es el fundamento de la sabiduría del libro de Proverbios, ya que de no tenerlo presente, nos extraviaríamos fácilmente en los rudimentos de un conocimiento limitado a la tradición, la cultura, o la ciencia terrenal, esto en consecuencia, alimentaria el peso de nuestro orgullo humano y aumentaría nuestro pecado. Dice la escritura que “el principio de la sabiduría es el temor de Dios” Proverbios 1:7a, Sin esta verdad que nos dicta el orden divino, los tesoros del libro inspirado, se convertirán en piedra de tropiezo para cada uno de nosotros, no en vano encontramos la palabra doctrina en el texto de estudio, es evidente, que si la palabra sabiduría aplicada al contexto tiene su origen en el temor del Señor, la palabra doctrina nos está apuntando hacia el conocimiento de Dios mismo. En este orden de ideas, podemos considerar que sin la convicción de la obra de Cristo en nuestras vidas, será imposible dar una aplicación práctica a los principios de la ética divina que nos enseña Proverbios.

A este punto vale la pena hacer la siguiente aclaración; existe una sabiduría que excluye a Dios, existe una inteligencia mundana y un conocimiento vanaglorioso, también es cierto que el hombre al apropiarse de estos, puede consumar un estatus, una reputación, un lugar destacado en la sociedad, e incluso un rango prominente en el orden del estado. Hoy en día, es una realidad encontrarnos con científicos que niegan la existencia de Dios, gobernantes que rechazan los principios de su ley moral, y maestros que propagan la vanagloria del conocimiento sin Cristo, todo esto como parte de un sistema que crea hijos a su imagen y semejanza:

Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,” 2 Timoteo 3:3-4

Esta advertencia de Pablo a Timoteo en su segunda carta, deja ver la condición del hombre natural, como resultado de la ausencia total del conocimiento de Dios, y es mi intención mostrarlo de esta manera, para invitarlos a meditar sobre la expresión de un carácter que camina aborreciendo los estatutos del señorío de Cristo, frente al reflejo de un creyente que a pesar de andar una vida torpe e imperfecta, está siendo modelado por el Espíritu Santo.

Justicia, juicio y equidad.

1 Reyes 3:16-28 nos narra la historia de dos mujeres, que acuden al rey Salomón para juzgue entre ellas, la problemática radica en que una noche mientras las dos mujeres dormían con sus bebés, una de ellas se acostó encima de su hijo y este murió, seguidamente al percatarse de la tragedia tomó al niño muerto, se desplazó hasta donde yacía la otra mujer durmiendo con su bebé, tomó el niño con vida y puso en su lugar el cadáver del bebé fallecido, dice la Santa Palabra que siendo de mañana la madre con el bebé muerto, observó que este no era el que ella había dado a luz, el versículo 18 de este relato nos comunica textualmente “ningún extraño estaba en la casa, fuera de nosotras dos.”, con lo cual podemos entender que para resolver dicha situación, el rey no contaba con testimonios que dieran claridad sobre los hechos.

Hagamos un paréntesis para definir la palabra juicio como: “La facultad del entendimiento, por cuya virtud el hombre puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso.”

El rey Salomón tenía que atribuir la potestad del recién nacido a una sola madre, las dos mujeres declararon tener el derecho sobre aquella criatura, no obstante pese a la evidente contradicción, Salomón decide sabiamente buscar el corazón de la verdadera madre, pues aunque dos manifestaran un legítimo derecho, para este caso en particular solo existía una madre autentica. Es de esta forma que el rey pide una espada para partir el niño por mitad y dar una parte a cada una; el versículo 26 dice que a la verdadera madre se le conmovieron las entrañas por su hijo, pidió que no se matase al niño y que se le entregará a la otra mujer, en total contraste la madre falsa, apeló al rey diciendo: “Ni a mí ni a ti; ¡partidlo!”. Y bajo estos preceptos Salomón pudo diferenciar la verdad de la mentira, para juzgar en rectitud, a favor de la madre que prefería entregar a su hijo antes que verlo muerto por la espada. En virtud de lo anterior, podemos observar que la justicia se manifiesta al entregar el legítimo derecho a quien verdaderamente le pertenece, en este relato vemos como una verdad que fue entenebrecida por la mentira, es reafirmada nuevamente a la luz. Finalmente observamos que el sabio juicio debe ir más allá de las apariencias, que la justicia es su fruto, y que la equidad coexiste en el mismo propósito.

A una audiencia de sabios y necios.

Dios que es galardonador de los que le buscan dará abundantemente a los que a él claman, y aún aquel que es considerado sabio crecerá en conocimiento cuál bebé aprende de sus padres, en la disposición de oír la verdad de las maravillas de su Creador. Porque no hay sobre la tierra un verdadero entendido que no deba el sabio consejo a la revelación de Dios a través de su Palabra, por lo tanto, si aún el entendido aprenderá con el sabio consejo, cuan desdichado será el necio que lo ha despreciado desde el inicio de sus días.

Seremos instruidos en sabiduría en la medida que nos acerquemos al Dios vivo con el hambre de conocerlo en la persona de Cristo, sus designios, leyes y decretos instruyen un temor reverente en el corazón del creyente que lo hace apropiarse de las virtudes de la ética divina, la sabiduría dada por Dios, da sagacidad al simple en el sentido de que aún el joven, necio e insensato, puede ser dotado de una gracia que no sólo le ejercite en discernir entre el bien y el mal, sino que le permita de forma práctica andar por buen camino.

Palabras de sabios y dichos profundos hacen parte de aquel conocimiento divino que puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, su enseñanza no solamente alumbra la mente del que una vez estuvo perdido, sino que brilla perpetuamente con luz propia en la persona de Cristo.

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Pedro de Jesus Gaona Cruz

Soy cristiano por la gracia del Señor Jesucristo, residente en Barranquilla – Colombia, casado y con dos hermosas hijas. Si el contenido ha sido de edificación para usted, permita que llegue a más personas. Por favor, no olvide comentar, compartir y/o reenviarlo a más gente con el fin de propagar el mensaje.

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