El Discípulo de la Familia de Dios – Serie Proverbios 1:10

| March 6, 2018 | Reply

Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, No consientas.”Proverbios 1:10

La biblia nos muestra la historia de dos pueblos, mientras estudiamos el libro de Proverbios es necesario tener presente esta verdad, la parábola del trigo y la cizaña que el Señor enseña en Mateo 13:30, explica sobre dos plantas que crecen en el mismo campo pero que son de naturalezas diferentes, dos tipos de personas de trascendencia espiritual, los hijos de Dios y los hijos del maligno. A lo largo del libro de Proverbios se puede ver una clara distinción entre estas dos clases, el sabio y el necio; el justo y el impío; la mujer sabia y la mujer extraña; esta ambivalencia viene acompañada de unos rasgos que permiten diferenciar un linaje del otro, o para ser más preciso una familia de la otra. La escritura expone que el vínculo de la familia de Dios nos es carnal sino espiritual, por lo tanto; la division que Dios puso en Génesis 3:15 entre los que son de la simiente de la mujer (iglesia) y los que son de la simiente de la serpiente (satanás), trasciende hasta nuestros días, sin que una genealogía o parentesco terrenal determine la naturaleza de unos u otros, los hijos de luz caminarán diferente a los hijos de las tinieblas así tengan el mismo apellido, la naturaleza terrenal se opone a la espiritual, sin distinguir padres e hijos, madres e hijas, hermanos y hasta esposos (Mateo 10:34-40).

En Proverbios 1:10 vemos el llamado amoroso de la autoridad paternal, esta expresión ofrece una perspectiva de la persona que es objeto de la enseñanza, nos da luz sobre a quién se dirige al autor cuando lo llama “hijo mío”, además nos muestra que este joven en particular le pertenece, y que su relación con él, es extremadamente cercana. Es posible que el rey Salomón se esté dirigiendo a uno de sus hijos, sin embargo el vínculo señalado aquí, va mucho más allá de un parentesco de consanguinidad, pues cuando hablamos de un discipulado cuyo fundamento es la ley de Dios, la relación maestro discípulo toma una dimensión espiritual, es en este sentido que observamos a Eliseo llamando a Elías como padre (2 Reyes 2:12), a Juan llamando hijo a Gayo (3 Juan 1-4), o a Pablo llamando hijos a Timoteo y a Onésimo (1 Timoteo 1:2) (Filemón 10).

Para el texto de estudio, podemos observar que la escritura no se basta solamente con llamarlo hijo; la palabra inspirada quiere mostrarnos algo mucho más profundo aquí, y es como si dijera hijo mío de mi corazon, hijo mio de mis entrañas; con la intención de recordarle al sujeto pasivo de este cuadro (hijo), cuál es su identidad (mio) y a donde pertenece (hijo mío), es necesario comprender la distinción con la que inicia esta porción de la escritura, toda vez que evidentemente el texto bíblico está separando a la segunda persona del diálogo, de una colectividad en especial cuando dice, “si los pecadores te quisieran engañar”.

Para entender la magnitud de esta alerta, es necesario tener en cuenta la identidad de esta colectividad a la cual la escritura llama “pecadores”, es de notar que este grupo lleva la mentira como bandera oficial en el versículo de estudio (Proverbios 1:10). Estos por naturaleza son hijos de otro padre, un padre con un señorío que es adorado través del carácter de sus hijos, un maestro de la mentira que discípula en el engaño, y cuya guerra en contra de la palabra de Dios, hace eco desde el principio de los días afectando la vida de toda la humanidad:

“¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”, Génesis 3:1

Podemos tener una visión más clara sobre el tema en cuestión, permitiendo que la escritura nos de luz en las palabras de nuestro señor Jesucristo, cuando en el evangelio de Juan capítulo 8 dirige una firme defensa hacia los escribas y fariseos que manifestaban ser linaje de Abraham v33, lo acusan de mentiroso v13 y procuraban matarle v40. En el versículo 44 del capítulo citado, dice el Señor a este grupo de judíos que actuaban en su contra:  

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” Juan 8:44

Así las cosas podemos ver más claramente, cuál es la distinción que está haciendo el rey Salomón al exponer de manera implícita en Proverbios 1:10, que quien está siendo instruido posee una característica que lo diferencia; pero… ¿qué es lo que lo hace diferente?, ¿que es en realidad, lo que lo ha apartado de quienes literalmente son llamados pecadores?. Claramente la diferencia es el amor que testifica la frase “hijo mío”, esta manifestación filial y amorosa es realmente un muro de diamante que separa lo uno de lo otro, es el amor del padre sobre el hijo; aquel padre que le llama “mío”, lo que realmente lo hace especial.

Si meditamos un poco podemos considerar esta verdad revelándose en cada una de nuestras vidas, al preguntarnos cual es realmente la diferencia entre nosotros, quienes hemos gustado de la misericordia de Dios por medio de la fe, y aquellos a los que aún no les ha resplandecido la luz del evangelio. Ya hemos visto en nuestra disertación, como un factor literalmente externo, (el amor del padre) representa la única diferencia que distingue al justo de los pecadores, aunadamente la palabra hijo que identifica aquí al discípulo, le hace participe de una herencia con raíces en el origen primario de la instrucción, que para este caso es la Palabra de Dios. De la misma forma los que por gracia hemos creído, tenemos una herencia incorruptible con raíz en el espíritu de Dios, el cual nos hizo renacer a través de su Escritura para una esperanza viva (1 Pedro 1:3-4). En amor, el Dios de los cielos nos enseña en su Palabra que fue Él, quien hizo la diferencia en nosotros.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),” Efesios 2:4-5

Como podemos observar, es el amor de Dios revelado en Cristo Jesús lo que nos hace diferentes; el discipulado a través de la Palabra de Dios, es una viva manifestación de ese amor eterno con el que Dios amo a su iglesia, Proverbios 1:10 nos ilustra este cuadro de manera ideal, primeramente enseñándonos a donde pertenecemos, posteriormente avisándonos de una comunidad mentirosa y homicida que aborrece la verdad de Dios, además nos enseña la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos de no aprobar, ni tomar parte con aquellos que ignorando por completo al Creador, se deleitan en ofenderle y complacer sus concupiscencias.

La señal de alerta está puesta y no de manera superficial, veremos como en los próximos versículos la Escritura no se limita solo señalar el peligro, sino que empieza a describirlo con detalles tan finos de conducta, que muy seguramente sentiremos haber escuchado la voz antagónica del mal, participar de forma influyente y muy cercana a nuestras vidas.

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Pedro de Jesus Gaona Cruz

Soy cristiano por la gracia del Señor Jesucristo, residente en Barranquilla – Colombia, casado y con dos hermosas hijas. Si el contenido ha sido de edificación para usted, permita que llegue a más personas. Por favor, no olvide comentar, compartir y/o reenviarlo a más gente con el fin de propagar el mensaje.

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