Del poder, la autoridad y la inerrancia de la Santa Palabra

| January 16, 2017 | Reply

De acuerdo al perfil de cada ser humano actúa un entorno con características especiales de las cuales derivan de forma directa, problemas familiares, laborales, sentimentales, financieros, emocionales, de salud y demás. Ciertamente es natural que en cada una de nuestras vidas, nos hallemos sujetos a la aflicción proveniente del conjunto constituido por varios de los problemas anteriormente citados, y no por uno en específico, por lo tanto empezamos a experimentar el anhelo de encontrar una solución, o en determinado caso una salida que nos haga descansar de las dificultades que nos oprimen.

Hace unos años venía entrando por la sala de mi casa, agobiado por una situación laboral bastante estresante que se estaba manifestando negativamente en mi salud, entre otras cosas también me aquejaba una crisis emocional a causa de ver frustradas una a una mis anheladas metas personales. En aquel entonces llegué a preguntarme ¿qué sentido tiene la vida?, si se acabaron en mi camino las personas a quien pedirle consejo, ¿donde puedo yo buscar?, si en cada una de las puertas que toque para encontrar descanso, no hice más que  sumar arrobas de peso a mi espalda.

Recuerdo haber dado unos seis pasos por la sala de mi casa, cuando ví un libro grande en el más bajo compartimento del armario de la sala, aquel libro ya difícilmente manifestaba el color verde de su portada a través de aquella densa capa de polvo que le cubría, habían pasado 17 años desde que aquella biblia llegó a mi casa como obsequio, por la compra de una enciclopedia que realizo mi papa, y aquel día después de tantos años yo sentía una necesidad apremiante de recurrir a Dios como última opción para encontrar paz. No lo tenía claro, pero sentía que el autor de aquel libro podria darme el consejo que yo necesitaba, nadie me lo dijo; pero mientras limpiaba el libro con un trapo llegue a experimentar una seguridad de lo que yacía en su contenido, no pude discernir en ese momento que paso, pero hoy para mi es claro que algo fuera de mi y superior a mi, testifico fielmente aquella tarde:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17.

la inspiración de Dios plasmada en cada palabra que hace parte del compendio bíblico, identifica en sí misma la forma más pura de la manifestación de su voluntad, carácter y autoridad. Observar la palabra de Dios de manera literal dentro de su propio contexto, evita de forma absoluta que el hombre se pierda en sus propios juicios, pues la esencia de un Dios santo, se despliega en total perfección a través de su palabra y en consecuencia esta es perfecta, no tiene errores ni defectos y por consiguiente todo lo que dice es verdad.

Conocemos el hijo de Dios, en su Señorío, poder y autoridad expresado por medio de la santa biblia, igual a Dios (Filipenses 2:6) y a quien le ha sido dada toda potestad sobre el cielo y la tierra (Mateo 28:18), Rey de reyes, Señor de señores; mas sin embargo en los primeros versículos del capítulo 4 del evangelio de Mateo, el Señor Jesucristo responde a las tentaciones de satanás, citando de forma textual y literal la autoridad de la sagrada escritura, antecediendo cada respuesta que dio a las engañosas palabras del diablo con la frase “Escrito Está”. Nadie en la infinidad del universo podría haber tenido la condición de soportar en su propia autoridad las sabias respuestas que deshicieron los engaños de satanás en aquel pasaje bíblico, sin embargo el Hijo de Dios nos muestra una connotación más profunda en su mensaje, y es el testimonio de que la inspiración de la sagrada escritura es una manifestación en esencia de la Deidad. “Toda la escritura es inspirada por Dios”

A causa de nuestra condición caída, es natural que el orgullo, la altivez y la prepotencia sean factores determinantes dentro del ejercicio de la autoridad que a cada ser humano el Señor ha concedido, un ejemplo sencillo y simple podría encontrarse en la autoridad que un padre ejerce sobre su hijo, el niño siempre tendrá la tendencia de preguntar el porqué de las cosas, aun teniendo conciencia sobre lo que es bueno y lo que es malo, querrá constantemente saber bajo cuáles cargos está sustentada la disciplina que los padres ejercen sobre él. Él podría preguntar el porqué de determinado castigo que sus padres le han impuesto, y de hecho la respuesta de los padres podría variar, algunos explicarian que la conducta es mala en base a sus propios razonamientos, otros podrían envanecerse tomando por altanera la pregunta del chico y responder “Porque yo lo digo y punto” o “Porque yo soy quien mando aquí”, en fin podrían ser muchísimas respuestas más, sin embargo la respuesta más sabia de entre tantas seria la misma que el Señor dio en el pasaje de Mateo “Escrito Esta”. Es importante observar como el hijo de Dios no estimó ser igual a Dios para responder con fundamento en su propia autoridad, no obstante nuestra naturaleza humana tiene la tendencia de hacer todo lo contrario, pasando por alto el conocimiento perfecto de Dios, pues aun en la casuística citada  encontramos que la palabra de Dios demanda la obediencia de los hijos para con los padres en “Colosenses 3:20”, el deber de honrarlos en “Efesios 6:2” dispone de una disciplina hacia los hijos como consecuencia del amor de los padres “Proverbios 3:12” la evidencia de la misma disciplina como muestra del amor de Dios “Hebreos de 12:6-8” y en este orden sistemático podríamos traer cualquier conducta a la santa palabra de Dios, para mostrar el origen y la naturaleza de un comportamiento pecaminoso, no conforme a nuestros propios razonamientos sino con el estándar de un Dios perfecto, que nos libre con su conocimiento de equivocarnos y en su misericordia nos permita glorificarlo. “ y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

El hombre de Dios, es perfeccionado cada día mediante la renovación de su mente, el Espíritu Santo instruye en justicia el carácter de los llamados del Señor, y es precisamente la Santa Palabra la esencia sustancial que constituye al que es nacido de nuevo por voluntad divina. La biblia, enseña de forma exponencial la mente y los designios del Dios santo, su autoridad, su poder, su voluntad, lo terrible de su ira y su juicio justo; aunadamente nos muestra la majestuosidad de su amor y su eterna longanimidad. Su imagen revelada a través de la escritura es una verdad que destruye nuestro orgullo, altivez y toda tendencia de autosuficiencia, despedaza el ego del hombre con hambre de independencia, para constituir un siervo totalmente dependiente de la justicia de Cristo, sujeto a su autoridad y preparado para toda buena obra.

Para concluir es supremamente importante resaltar que cada manifestación de una obra justa de parte del hombre ante los ojos de Dios, es una consecuencia directa de su gracia y debe ser en ese contexto que entendemos como el hombre de Dios es perfeccionado y preparado para buenas obras, dando por sentado que es Dios glorificandose a través de nosotros y aun a pesar de nosotros. “a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

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Pedro de Jesus Gaona Cruz

Soy cristiano por la gracia del Señor Jesucristo, residente en Barranquilla – Colombia, casado y con dos hermosas hijas. Si el contenido ha sido de edificación para usted, permita que llegue a más personas. Por favor, no olvide comentar, compartir y/o reenviarlo a más gente con el fin de propagar el mensaje.

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