Del Hombre de la Casa y Su Responsabilidad

| January 3, 2018 | Reply

“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Josue 24:15

Estas palabras fueron dichas por Josué mientras se dirigía a las tribus de Israel, en su discurso recordó a la congregación que Dios se había revelado como protector y sustentador de su pueblo; El Creador exponía por boca de su profeta, las misericordias derramadas al apartarlos de antepasados que servían a dioses extraños, los había multiplicado grandemente, los había librado con mano poderosa de los egipcios, entrego en sus manos los habitantes de Jericó,  y les dio en posesión tierra que no labraron y ciudades que no edificaron para que moraran en ellas. En todas estas cosas, Josué expone la gloria de Dios y advierte al pueblo la demanda de servirle con integridad; sin embargo, a diferencia del llamado general hecho a las tribus de Israel, este varón hace una notable diferencia cuando se dirige a la casa puesta bajo su cuidado, la exhortación para este caso no deja lugar a una elección como la expresada al pueblo, antes por el contrario es una firme disposición, basada en la responsabilidad que tenía para cuidar la integridad espiritual de su familia, cuando se trata de su casa él mismo asume como garante y portavoz; “Pero yo y mi casa, serviremos al Señor”.

El hombre de la casa, ejerce siempre el mando con una responsabilidad particular ante Dios y que no puede compartir con nadie, en su ejercicio no debe reconocer más límites que la fidelidad a su Creador y el amor a su Palabra. Las decisiones son de su exclusiva responsabilidad, y aunque pueda ser ayudado en todo y de primera mano por la esposa que Dios le ha dado, el constituye la primera y principal garantía, ante el estrado celestial por la consecuencias que deriven de no consagrar a Dios, la familia que ha sido puesta bajo su cuidado.

Así el varón de la casa no lo pretenda, sus cualidades personales siempre acaban reflejándose en cada uno de los miembros de su casa. De ahí, la necesidad de presentarse constantemente al trono de la gracia de Dios en oración y acudir a su Santa Palabra para ser santificado. Como cabeza de la casa, ha de perseverar no en una conducta intachable, si no en una dependencia total del Señor Jesucristo en todos los órdenes; cuanto mayor sea su necesidad de Dios, más se impregnara la imagen de Cristo en su naturaleza de varón, y esta característica brillara aun por encima de una vida torpe, imperfecta y colmada de tropiezos.

El protector del hogar, debe tener presente que su reinado no es como el mundo lo ve, su lugar de preeminencia, no tiene valor alguno en su grado de instrucción, preparación, fortaleza física, moral o dignidad; pues aun, cuando estas cosas hagan parte de la provisión del Señor para la noble labor encomendada, el éxito de la misma dependerá absolutamente de su cercanía a Dios; esto es, el factor primordial que hará la diferencia en las pruebas más duras. En Cristo, la esencia de su gobierno como rey del hogar será el amor sacrificial que le sea concedido de los cielos, por cada uno de los miembros de su casa. Será bendecido como lámpara de luz, dando pequeños matices, del perfecto amor sacrificial del Hijo de Dios, con la convicción de que es Dios glorificandose así mismo a través de un siervo imperfecto.

El hombre ha sido, es y será el primer ser racional creado sobre la faz de la tierra, dotado de entendimiento, preparado para el combate y diseñado para proteger, posee facultades únicas en su género de varón, no obstante sus dones naturales serán de bendición única y exclusivamente si es Jesucristo su único Dios, la influencia y el poder de discipular esposa e hijos, representa un gran tesoro si se utiliza dentro del plan redentor de Dios para vida eterna; en contraste, el hombre que no le ha conocido, podrá entregar en el mejor de los casos, una aparente seguridad de bienestar temporal a su familia, sin embargo, no podrá cumplir con el deber inalienable dado por Dios desde el inicio de los tiempos; esto es, enseñar las verdades para vida eterna reveladas en Cristo Jesús.

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” Deuteronomio 6:6-7

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Pedro de Jesus Gaona Cruz

Soy cristiano por la gracia del Señor Jesucristo, residente en Barranquilla – Colombia, casado y con dos hermosas hijas. Si el contenido ha sido de edificación para usted, permita que llegue a más personas. Por favor, no olvide comentar, compartir y/o reenviarlo a más gente con el fin de propagar el mensaje.

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Category: Teología de familia, Uncategorized