De la mortificación del pecado y su poder

| January 12, 2017 | Reply

Abriendo una reflexión sobre la importancia que tiene en el verdadero creyente la mortificación del pecado, y el llamado durante los días de su vida a permanecer en pie de lucha contra las concupiscencias de su corazón, hay que tener presente como nos ilustran las escrituras sobre las luchas que vivió el apóstol Pablo durante su ministerio, toda vez que estas batallas son expresadas de manera ferviente para alertar a la iglesia de Cristo del peligro que significa permanecer inactivo en los medios de gracia, permitiendo que el pecado gane dominio sobre nuestras vidas.

Debemos ser conscientes que mientras estemos vivos tendremos una lucha constante con el pecado, aunadamente reconocer que el concepto de impecabilidad nunca aplicará de forma literal en nuestras vidas, en este orden de ideas podemos notar que ni aun el apóstol Pablo en la sagrada escritura se atrevió a hablar de sí mismo en el perfeccionismo, sino que por el contrario nos manifestó a través de la escritura sus debilidades y la constante lucha en la necesidad de ser renovado por el Espíritu Santo cada dia. Ahora bien, teniendo presente que hay un remanente de pecado en nuestros miembros (Romanos 7:20) y que estará ahí hasta el día de nuestra muerte, no queda más opción que hacer de la mortificación de este una labor diaria.

El verdadero creyente encuentra una oposición en su interior al tratar de hacer el bien, el apóstol Pablo nos habla de esta lucha en (Romanos 7), al punto de manifestar literalmente “Porque no hago el bien que quiero” el pecado nos incita a pecar, hace contraposición a la manifestación de una obra justa, y trata de interponerse en la comunión del cristiano con Dios. El pecado siempre está activo y sabe como simular que ha muerto, siempre planea cómo seducir y tentar; por lo tanto la única defensa es el combate continuo desplegado a través de los medios de gracia revelados en la Santa Escritura.

Hay que tener presente que por muy pequeña que sea la manifestación del pecado en nuestro pensamiento, él está siempre buscando una demanda más grande y su objetivo es la mayor exposición de la depravación en su sustancia, a través de la naturaleza caída del ser humano y su máxima expresión mediante cada uno los miembros del cuerpo. un ejemplo de esto podemos encontrarlo en (2 Samuel 11:2-17), como el codiciar una mujer termina concibiendo una maldad que se manifestó en homicidio y adulterio.

Cuando el pecado tiene éxito en su ataque inicial, repetirá sus acciones de tal forma que poco a poco endurecerá el corazón del hombre y cauterizada su conciencia (Hebreos 3:13), el ser humano perderá su sensibilidad cuál carne leprosa cuando es expuesta a metal candente, mientras la consumación pecaminosa de forma ascendente suprimirá toda posibilidad de dominio propio a causa de la creciente demanda de las concupiscencias. Es de notar que el abandonar el deber de mortificar el pecado puede representar aun en los creyentes más santos las más desastrosas caídas.

Siendo partícipes de una nueva naturaleza divina en Cristo Jesús, debemos tener presente que hay en nosotros un remanente de pecado con la firme determinación de hacernos oposición manifestando una lucha ferviente del espíritu contra la carne (Gálatas 5:17); no obstante siendo nacidos del espíritu somos capacitados para mortificar de forma directa el pecado en nuestra vida (2 Pedro 1:4-5),  la gracia de Dios así como sus dones, nos son concedidos para usarlos conforme a la providencia divina, y desistir de este deber representa pecar contra la misericordia de un Dios que nos ha dotado de medios de gracia con fines de santificación.

Para concluir la fortaleza espiritual demanda que el cristiano se ejercite en los medios de gracia; las victorias derivadas de una constante disciplina espiritual, reafirman de forma exponencial la gracia de Dios en el corazón del converso, evitando que el pecado golpee y debilite su alma haciéndolo débil con la consumación de las posibles derrotas. De la misma forma perfecciona nuestra santidad al negarse de forma radical a gratificar los deseos pecaminosos que provienen del corazón.

Resumen capitulo 2 “La Mortificación del Pecado” Jhon Owen

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Pedro de Jesus Gaona Cruz

Soy cristiano por la gracia del Señor Jesucristo, residente en Barranquilla – Colombia, casado y con dos hermosas hijas. Si el contenido ha sido de edificación para usted, permita que llegue a más personas. Por favor, no olvide comentar, compartir y/o reenviarlo a más gente con el fin de propagar el mensaje.

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